MES DE MARÍA- DÍA DECIMOSEXTO


Mes de Mayo consagrado a la Santísima Virgen Maria, tomado del libro "Las Glorias de Maria" de San Alfonso de Ligorio- Día 16 de Mayo


                                    DEVOCIÓN DEL MES DE MARÍA SANTÍSIMA

Al inicio:

Venid, amantes hijos,
Con flores de alegría,
Con flores a María,
Que madre nuestra es

De nuevo aquí nos tienes,
Purísima doncella
Más que la luna bella
Postrados a tus pies,

Venimos a ofrecerte
Flores del bajo suelo;
Con cual ardiente anhelo,
Señora tu lo vez.

Con ella presentamos
Para alcanzar tus dones
Rendidos corazones,
Si bien ya lo posees.

Jamás tu amor consienta
Que en este triste mundo,
Fiero cual mar profundo,
Sufran algún revés.

No solos ¡hay! Los dejes,
No solos ir surcando,
Porque sin ti luchando
Darán luego al través.

Gobierne el frágil leño
Tu brazo poderoso
Y siempre hasta el dichosos
Puerto velando estés.

Y así a tus dulces ojos
Hoy nuestras flores placen,
Las que en la gloria nacen
En premio tú nos des.

                                           DÍA 16: Conversión de la infeliz Benita

Refieren el B. Alano y Bonifacio, que vivía en Florencia una joven llamada Benita, pero que más bien merecía llamarse maldita por la vida escandalosa y deshonesta que llevaba. Para su fortuna llegó a predicar en una ciudad Santo Domingo, y ella, por mera curiosidad fue a escucharle. Y el Señor le puso tal compunción en su corazón al oírlo, que llorando se fue a confesar con el santo. Éste la confesó, la absolvió y le impuso de penitencia rezar el rosario diariamente. Pero la infeliz, arrastrada por sus malos hábitos, volvió a su mala vida. Lo supo el santo, y yéndola a buscar, obtuvo de ella que se confesara de nuevo. Y Dios, para confirmarla en la virtud, le hizo ver el infierno y en él, algunos que por su culpa se habían condenado. Después, en un libro abierto, le hizo leer el pavoroso recuento de sus pecados. Horrorizada la penitente ante semejante visión, acudió a María para que le ayudase. Y se le dio a entender que esta divina Madre le había conseguido de Dios espacio de tiempo para llorar todas sus liviandades.

Pasada la visión, Benita se entregó a una vida santa; pero teniendo siempre ante los ojos aquel terrible proceso que había visto, un día se puso a rezarle así a su consoladora: “Madre, es verdad que yo, por mis excesos debería estar en lo profundo del infierno, pero ya que tú, con tu intercesión, me has librado obteniéndome tiempo de hacer penitencia, te pido esta otra gracia: no quiero dejar nunca de llorar mis pecados, pero haz que sean borrados de aquel libro”. Hecha esta oración, se le apareció la Virgen y le dijo que, para obtener lo que pedía, era necesario que, en adelante, se acordase de la misericordia que Dios había tenido con ella y de la Pasión que su Hijo había sufrido por amor de ella; y que considerase que cuántos, con menos culpas que ella, se habían condenado... Habiendo obedecido Benita fielmente a la Santísima Virgen, un día se le apareció Jesucristo, mostrándole aquel libro le dijo: Mira, tus pecados están borrados y el libro en blanco: escribe ahora actos de amor y de virtud. Así lo hizo Benita, llevando una vida santa y teniendo una santa muerte.

ORACIÓN DE CONFIANZA EN MARÍA

Señora mía, siendo tu oficio
el de mediadora entre los pecadores y Dios,
”ea, pues, abogada nuestra”,
cumple también ese oficio conmigo.
No me digas que mi causa
es muy difícil de ganar;
pues yo sé, como me dicen todos,
que toda causa por desesperada que sea,
si la defiendes tú, jamás se pierde.

Podría temer si sólo mirase
la muchedumbre de mis pecados,
y tú no aceptaras defenderme,
pero al ver tu misericordia inmensa,
y el sumo deseo de ayudar al pecador
que late en tu corazón, nada temo.
¿Quién se perdió jamás
habiendo recurrido a ti?

Por eso te llamo en mi socorro,
mi abogada, mi refugio y mi esperanza.
En tus manos pongo la causa
de mi eterna salvación,
perdida estaba,
pero tú la tienes que ganar.

Gracias le doy siempre al Señor
que me da esta gran confianza en ti,
la cual, a pesar de mis deméritos,
siento que me garantiza la salvación.
Sólo un temor me aflige, amada Reina mía;
y es que yo pueda, por mi descuido
perder esta confianza en ti.

Por eso te ruego, María, Madre mía,
por el amor que tienes a Jesús,
que siempre me conserves y acrecientes
esta confianza en tu intercesión
por la que espero, con toda certeza,
recuperar la amistad divina,
tantas veces por mí despreciada y perdida.

Recuperarla espero por tu medio y conservarla,
hasta llegar, gracias a ti, al Paraíso,
a agradecer y cantar
las misericordias de Dios y tuyas,
por toda la eternidad. Amén.

Rezar tres Avemarías y una Salve.

PAX VOBIS.

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